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lunes, 9 de septiembre de 2013


RIAS BAIXAS, UN PAISAJE GASTRONÓMICO POR DESCUBRIR (y 3)
 
“La única manera de conservar la salud es comer lo que no quieres, beber lo que no te gusta, y hacer lo que preferirlas no hacer.”
Mark Twain. Escritor

Volvemos a la costa porque es tan extensa que los lugares son casi inabarcables en un viaje como el que se hizo de 10 días. La cita es el resumen irónico del viaje, una experiencia donde todo lo que nos ofrecen es de interés y merece la pena catarlo porque de vez en cuando no está mal darse un auto homenaje.

Nos acercamos a la costa de Sanxenxo, en la cercanía, la playa de las Áreas, se encuentra un pequeño hotel, sin restaurante pero con los servicios perfectos para poder descansar y hacerlo centro de operaciones de esta última etapa del viaje. El Hotel Festiñanza nos ofrece una amplia habitación y una gerente que nos ofrecerá toda la información necesaria para poder disfrutar de los manjares de la zona, es recomendable hacerle caso.

La primera parada es O Grove. Antes de la comida podemos coger uno de los barcos turísticos, 13 euros, y visitar las bateas de los mejillones, además de ver la ría y disfrutar de una hora y cuarto de paisaje marítimo a tope, nos ofrecen el aperitivo en forma de mejillones y ribeiro. Como curiosidad, si vas sólo te tratan igual que si vas en grupo. Si te sientas en una mesa sólo te ponen delante de ti una fuente entera de mejillones recién hechos y una botella entera de ribeiro para que disfrutes tú sólo de la vuelta a puerto. Si eres capaz, o estás con más gente, de comerte y beberte todo lo que te ponen, no tienen problemas en ofrecerte otra bandeja y otra botella, con lo que a parte de un bonito viaje, podrás tomar el aperitivo en un entorno de lo más embriagador…

O Grove es uno de esos destinos obligados para un gastrónomo en unas fechas concretas, la Feria del Marisco que se suele celebrar todos los años entorno a octubre, este año del 4 al 13, cuando el marisco está en su esplendor y se puede degustar estas viandas a precio relativamente bajo en unas carpas instaladas para tal efecto.

Si te paseas por el puerto puedes ver muchos lugares para poder comer. De unos años acá, la hostelería de O Grove se ha renovado bastante y ya no existen las pequeñas tabernas de pescador donde antes podías comer los mismos productos que los pescadores a unos precios envidiables. Ahora hay más variedad pero también eso afecta tanto al precio como al servicio que no es tan esmerado como antes.
Yo me incliné por una de los escasos establecimientos añejos de la zona, sin grandes pretensiones ni lujos pero con un producto de primerísima calidad.  El Restaurante Puntal, Avenida de Beiramar, 51, tiene peor aspecto que otros cercanos pero os aseguro que el producto y el precio merecen la pena. Como no podía ser de otra manera empezamos con unas ostras (10 euros la docena) algo pequeñas pero llenas de sabor, y continuamos con un lenguado (13 euros) que parecía recién sacado del mar, con una carne súper tersa y una ensalada de acompañamiento que, según me dijeron, era de su propia huerta y se notaba. Para terminar el festín le comenté al dueño mi gusto por el orujo de hierbas casero y me sacó una botella, sin marca obviamente, que se notaba que era casero, casero, carraspeaba al pasar de manera bestial, pero el sabor era muy equilibrado e ideal para hacer una buena digestión. Para terminar la visita lo recomendable es pasarse por la lonja, de 4 a 7 está la subasta, donde podremos apreciar los productos de la mar recién sacados y ver los precios a los que se pagan. Como curiosidad, el pulpo que yo vi se vendió a 6 euros el kilo cuando si vas a un mercado ¿a cuánto está? Y por supuesto no tan fresco como el de una lonja.
En la zona del hotel, en Áreas, podemos encontrar muchas taperías e incluso un asador, que por cierto no era muy recomendado por la gente de la zona pero que no tenía mala pinta. Bajando hacia la playa desde la glorieta junto al hotel nos encontramos el bar tapería Bolicheiro. Cuando te sientas en una de sus mesas recuerdas esas situaciones de las películas del poli bueno y el poli malo, me explico. Habitualmente te atienden dos chicas, primas me dijeron, una es súper simpática y amable y a la otra para poder sacarle una sonrisa tienes que enseñarle la cartera y aun así es complicado. Sin embargo, y tras varios días de comidas extensas, en este local puedes tomar unas tapas muy bien preparadas sin pretensiones pero con el sabor añejo de las cosas hechas con la tradición. Os recomiendo las Chouvas, sardinas pequeñas, que pueden parecer boquerones pero son sardinas y están recién cogidas porque el dueño es pescador y sabe de lo que habla. También es recomendable el jamón asado, sobre una cama de patatas fritas y con una salsa espectacular, por último,  tiene unos buenos bocadillos, el de chorizo casero es una maravilla y el de calamares te ofrece un producto muy bien rebozado con todo el sabor de un buen calamar. Todas estas tapas las encontramos a unos precios irrisorios para la calidad y cantidad que te ponen, de 3 a 5 euros lo más caro.
Para terminar el viaje, nos acercamos a Pontevedra para visitar dos recomendaciones que nos dieron, el restaurante La Cámara y al señor Luis.

 
El Restaurante La Cámara está en la céntrica y monumental plaza de Teucro. Lo mejor es dejarte guiar por los buenos consejos de Alberto, Manuel o Juan. En barra, junto a uno de los famosos bock, te ponen un aperitivo que te hace pensar que el lugar elegido es bueno y no vas a salir defraudado. La comida no pudo ser mejor. Empezamos con un revuelto de erizos (8 euros) con 5 huevos de granja, se notaba por el color, y con el sabor de mar que le daba el erizo. Muy sabroso, jugoso y bien presentado. Y para continuar, se nos recomienda un rodaballo a la plancha (19’50 euros). Pese a que puede parecer un precio alto, os aseguro que en la vida he comido un rodaballo tan bueno, tan bien hecho y fresco, con una carne espectacular y un acompañamiento…qué acompañamiento. Junto a unas patatas panadera normales, un timbal de judías verdes llama la atención. Se trata de las judías verdes, cocidas y confitadas en aceite de ajo…espectacular. Otra de las cosas que serán habituales en mi casa en esta temporada.
El segundo motivo para ir a esta ciudad fue el sr. Luis. Se trata de un paisano de 83 años que desde 1961 vende productos de cerdo casero en su pequeña tienda, más parece un garaje que una tienda. Desde cabezas de cerdo a costillas (7 euros kilo) o chorizos (8 euros kilo), picantes o no, a los maravillosos lacones (7 euros kilo), afirma con rotundidad que jamás ha tenido una reclamación sobre lo que vende. Este paisano te cuenta su vida sin tapujos y se llega a emocionar cuando le deseas muchos años de felicidad detrás de su mostrador mohido y lleno de telarañas. Se nota que vive y disfruta su trabajo, aunque su cuerpo ya no sea como el de antes y se tenga que sostener sobre un cayado. Si queréis hacerle una visita y comprar alguno de sus maravillosos productos, se encuentra en la Plaza Celso García de la Riega, enfrente de la cafetería Estafeta, en una especie de garaje que abre cuando lo considera oportuno pero vive justo en el edificio de al lado con lo que puedes llamarle en cualquier momento.

En definitiva, Galicia es terriblemente sabrosa. Seguro que merece la pena acercarse a lugares lujosos y con gran fama, pero os aseguro que si vais de la manera que he ido yo, descubriendo nuevos locales y recomendaciones de la zona, al margen de la aventura que esto supone, vais a descubrir pequeños locales que harán de vuestro viaje una experiencia extraordinaria, vuestro estómago lo agradecerá.

domingo, 8 de septiembre de 2013


RIAS BAIXAS, UN PAISAJE GASTRONÓMICO POR DESCUBRIR (2)


“Quien participa en un banquete sin conocer nada del arte culinario no puede apreciar en la medida conveniente la preparación de los alimentos que se le sirven”
Platón. filósofo griego

Continuamos viaje y relato. En esta ocasión nos separamos temporalmente de la costa para acercarnos a uno de los templos de la tapa gallega, Santiago de Compostela. Un aviso a navegantes que quieran pasar unos días en esta ciudad y dejen el coche en un parking. Parece ser que no se puede pagar con tarjeta cuando el importe supera los 45 euros, tema de seguridad me dijeron, al menos en el parking de la Plaza Galicia.


Para visitar Santiago es mejor alojarse en uno de los múltiples hotelitos / hostales del centro que, como en el caso del hotel Mapoula, te ofrecen lo mínimo necesario para descansar y asearse con un precio adecuado en el centro de esta tumultuosa ciudad. Sí, porque Santiago puede presumir de turistas, peregrinos y también, y por desgracia, de mendigos. Una cosa que sorprende es ver a supuestos peregrinos, con mochila y todo, pidiendo en cualquier esquina, sorprende y entristece.

 
Pero nuestro viaje es gastronómico, por lo que Santiago nos ofrece una gran variedad de posibilidades. Quizás la calle más popular para este menester sea la Rua do Franco, donde los bares y taperías se concentran uno detrás de otro y el viajante se vuelve loco con tanta oferta. Es por eso que destacar, se puede destacar mucho, porque hay mucho, pero para este viajero hubo ciertos sitios que no se olvidarán y puede recomendar con total confianza.

Para unas tapas rápidas, aperitivo o vermut o simplemente para hacer cuerpo antes de comer o cenar, lo ideal es acercarnos bien a la Taberna do Bispo (Rua do Franco 37) o a la Cervecería Petiscos do Cardeal (Rua do Franco 10). En ambos lugares la barra del bar es como las típicas barras vascas, repletas de pinchos que te llaman y que dudas a la hora de elegir por la buena pinta que tienen todos. Desde 1’60 a 4 o 5 euros tenemos tapas que harán despertar nuestros sentidos, como la tapa de pate de pulpo con mahonesa de pimentón (como si de una ración de pulpo feira se tratara) o los Chirretes (Chanquetes en Andalucía). También hay lugares donde por un bock te ponen una buena tapa de cortesía por lo que tanto la Rua do Franco como la paralela Rua do Vilar son las calles ideales para pasear sin rumbo ni tiempo. Obviamente no nos podemos perder el magnífico Mercado de Abastos de la ciudad en la Rua das Ameas y degustar algún producto en las tabernas cercanas.

Pero de Santiago de Compostela no puedo dejar de escribir sobre dos lugares que me parecieron magníficos, con buenos productos y buen precio. El primero es O Boteco (Rua do Franco 31). En este templo gastronómico ponen un lacón con grelos (9’50 euros) que quita el sentido y el cansancio de tanto paseo y de postre podemos pedir unas anchoas con queso tetilla gallego (5 euros) tan espectaculares como las de Santoña, sin espinas, largas y anchas y de sabor intenso que combinan de maravilla con un queso suave como es el tetilla gallego. Si después te tomas un chupito de hierbas casero (2’50 euros) ya puedes ir a echarte una siesta con toda tranquilidad.

El segundo templo gastronómico que recomiendo y al que volveré por sus productos, precio y excelente trato, es Casa Sixto, en el número 43 de la misma calle. Su escaparate ya define lo que podrás degustar dentro, variedad de marisco y pescado de la ría, que parece que saltan de las bandejas. Si tienes la suerte de hablar con la dueña, te guiará por sus platos como un guía por monumentos turísticos. Como curiosidad, me dijo que la Princesa Leticia acudió a su local y salió muy contenta, yo también. Tanto las ostras (12’90 euros 6 unidades) como los percebes (20’90 euros unos 250 gramos) son de la máxima calidad. Es el típico local donde no miras el precio de los productos, muy acorde con su calidad, porque sales satisfecho de todo, de lo comido y de lo pagado. Como me quedé degustando la comida, cerraron el local conmigo dentro y la paisana me ofreció unos mejillones, qué mejillones, y una fideua de marisco que habían hecho para ellos, los primeros pude catarlos pero lo segundo tuve que renunciar porque mi cuerpo ya no podía ingerir nada más. Una charla amena es lo más adecuado para terminar un buen festín gastronómico. Sinceramente, Casa Sixto merece la pena visitar.


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Después de tanto festín, el cuerpo pide algo más normalito. Para los amantes de la comida rápida, al menos que sea de calidad. Por eso os recomiendo el Bar Galeón Raiña, en la Rua da Raiña 17, donde podréis degustar desde platos combinado a hamburguesas o perritos o simplemente un menú bien servido por 9’20 euros.

 Continuará…


sábado, 7 de septiembre de 2013


RIAS BAIXAS, UN PAISAJE GASTRONÓMICO POR DESCUBRIR (1)

“He estado a dieta dos semanas y lo único que he perdido han sido dos semanas de mi vida”
Totie Fields, humorista estadounidense
 
Como bien dice la cita del título, cuando se trata de perder, a la hora de hacer dieta, lo único que se puede perder es el tiempo. Por eso yo siempre he pensado que es mejor comer variado y bien todos los días que comer con restricciones un tiempo y en abundancia otro. Un equilibrio hará que el cuerpo se regule y, si queremos, un poco de ejercicio diario nos ayudará a controlar eso por los que algunos están dispuestos a grandes sacrificios, la figura.

Es por eso que sigo otra cita del gran Orson Welles, que decía que “el descubrimiento de un plato sabroso y sano es más provechoso para la humanidad que el descubrimiento de una estrella”. Y es verdad, porque  cuando descubres un plato sano y sabroso se te abren los ojos a una experiencia única y las papilas gustativas hacen fiesta cuando empiezas a catar esos manjares.

La Costa de la Muerte en Galicia se divide en Rías Altas y Rías Bajas. Si bien, todo Galicia, y más en su costa, es un paraíso para los paladares exquisitos, en este viaje nos hemos dedicado a descubrir pequeños negocios, pequeñas casas de comida de las Rías Bajas. Como dice un folleto turístico de la Xunta de Galicia, la gastronomía gallega goza de mayor prestigio por tres razones: “por la calidad de sus productos, la permanencia de la tradición y la evolución respetuosa con ese pasado”. Para ello, nos hemos centrado en unos pocos lugares que pueden ser el resumen gastronómico de la zona y en un objetivo, acercarnos a lugares poco lujosos o de poco renombre donde el precio y la calidad están por encima de la imagen y el márquetin.

La villa marinera de Corcubión esconde un pequeño hotel que posee dos de las características que buscaba, ubicación y buena hostelería. Se encuentra a la salida del pueblo, dirección Fisterra, justo encima de una pequeña playa, con una terraza que hace de la estancia un lujo para los sentidos al poder disfrutar de la tranquilidad del mar y el sabor de las viandas en un mismo sitio. Se trata de As Hortensias (playa de Quenxe s/n). Lo primero que descubrimos los amantes de la cerveza es que si quieres una cerveza grande, en jarra y bien fría, debes pedir un “Bock”. No me han sabido explicar el por qué, de dónde viene ese nombre, pero al nombrarlo el cielo se abre y te ponen delante una cerveza grande en jarra helada que, sinceramente, cuando llegas de un viaje largo, te sienta de maravilla.

Para tomar contacto con la cocina de las rías empezamos pidiendo unas Almejas a la Marinera (16 euros). Grandes, carnosas y con una salsa bien ligada hicieron de este aperitivo un primer paso muy positivo. Posteriormente nos decantamos por un pescado que nunca antes había comido a la espalda y que desde ahora se ha convertido en uno de mis favoritos, cercano a la lubina salvaje. Se trata del Cabracho (19 euros), pez de roca con muchas espinas con una carne blanca como el nácar y un sabor a mar tan intenso que te metía literalmente en el mar si cerrabas los ojos y te dejabas guiar por el sonido de las olas, el olor del plato y el sabor del producto.

Del pueblo tan sólo diré que se ve en poco tiempo, sus calles empinadas esconden edificaciones de otros tiempos como la Iglesia de San Marcos o el Ayuntamiento. En la lonja encontramos una pequeña terracita junto al mar que nos abre la vista a un camino entre allí y el hotel por donde las olas, cuando se embravecían, lograban impactar en los paseantes. Si el paseo abrió un poco el apetito, lo mejor es tomarse una de las tapas de As Hortensias de las que destaco dos, el lacón con queso (13 euros) y las espectaculares croquetas de marisco, unas 13 en cada bandeja (7’85 euros) que me acompañaron casi todas las noches desde entonces por su sabor y buena presentación, con una salsa rosa.
 
 
Estando en la zona, imposible dejar de acercarnos a Fisterra, el fin del mundo que decían, aunque realmente el cabo más al oeste de la península no es Fisterra sino Touriñán, pero Fisterra se lleva la fama. Subir a verlo es un castigo en tiempo de turismo, demasiada gente y escaso aparcamiento, así que lo mejor es bajarse a la lonja y buscar un buen sitio para comer algo. El restaurante Rombos está en la misma lonja y pese que uno de los platos no era de mi mayor gusto, en el otro triunfaron con creces. Las navajas que pude degustar eran exquisitas, tiernas, bien hechas y a un precio razonable, 11 euros. Sin embargo la merluza a la gallega que pedí de segundo me defraudó. Esto es lo que tienen los sitios turísticos, que de vez en cuando te ofrecen algo que ni en la casa propia lo pondrías de comida. Se trataba de una pescadilla seca y congelada, con una salsa gallega por encima que lo inundaba todo y que no tenía ni sabor, y eso que es complicado ya que sólo con un buen pimentón le daría el sabor deseado.
Por la noche, junto al mar, se suelen ver luces de gente paseando y lo que en principio te parece turistas de vacaciones, no lo son. Si bien no te lo quieren decir de manera directa, cuando preguntas por esas luces y la posibilidad de que sean furtivos buscando almeja, navajas o cualquier otro producto, lo niegan todo. No es de extrañar que muchas de esas capturas nocturnas las tengas al día siguiente en el plato en cualquiera de los sitios de la zona.

En Muros, el paseante puede disfrutar de multitud de terracitas donde degustar tapas, como unas buenas sardinas (6 euros) en el bar El Muelle o una Zorza con patatas (8’50 euros), plato contundente donde los haya que no es más que lomo de cerdo adobado en trozos pero que una persona apenas puede comer entera la ración que suelen poner.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Para despedirnos de esta zona maravillosa, lo mejor es relajarse mirando al mar y tomando una refrescante copa.
 
Continuará...

lunes, 27 de mayo de 2013

Osobuco de ternera en salsa con tallarines

El Ossobuco u Osobuco tiene su origen en la cocina italiana, más concretamente en la ciudad de Milán. El nombre viene de las palabras en italiano: osso, que significa hueso y buco que significa hueco, “huesohueco”. El Osobuco, morcillo, zancarrón o jarrete, que de todas estas maneras se suele llamar, está situado en la parte más baja de la pata de la ternera. Es la mejor pieza para elaborar caldos y guisos ya que es muy gelatinosas y las salsas quedan con mucho cuerpo. Es aconsejable cocerla el tiempo adecuado para que quede tierna y blanda.

Ingredientes
- ossobuco de ternera.
- Un puerro
- Una cebolla
- 4 dientes de ajo.
- 2 zanahorias.
- Unos Champiñones
- vino blanco.
- Agua.
- Pimienta.
- Sal
- Aceite de Oliva Virgen Extra.

Salpimentamos los trozos de ossobuco y le hacemos unos cortes con un cuchillo afilado a la piel que rodea el filete, para que al freír no se encoja. Seguidamente lo pasamos por harina y lo ponemos con un poco de aceite en la sartén Cortamos finamente todas las verduras, y en la misma sartén la pochamos, primero la cebolla y el ajo, el puerro, las zanahorias y finalmente los champiñones cortados a la mitad si no son muy grandes. Incorporamos un poco de sal a las verduras y le ponemos un poco de vino blanco que dejaremos cocer hasta que se haya consumido el alcohol. Damos unas vueltas, para integrar todo y seguidamente introducimos nuestro osobuco. Cubrimos de agua o caldo de carne y dejamos cocer a fuego lento durante al menos 2 horas. En la olla expres rápida puede estar en media hora.
Cuando la carne esté tierna, sacamos los trozos a una fuente y trituramos la salsa con la batidora y la pasamos por un chino o colador. A mí me gusta que queden algunos trozos de la verdura que hemos usado por ello antes de triturar, reservo un poco para el final. Rectificar de sal. Debe quedar espesita.



Para los tallarines, cocemos los tallarines como nos indica el fabricante (normalmente en abundante agua  con sal, unos 8-10 minutos. Refrescamos la pasta en agua. La reservamos en la espumadera para que se escurra bien. A la hora de servir cubriremos los tallarines con la salsa ya triturada y en la sartén le daremos unas vueltas para que coja sabor.
Hecho esto sólo nos queda disfrutar de un contundente plato de carne.




miércoles, 22 de mayo de 2013

Guiso de cerdo con salsa de carne al vino tinto

Habitualmente, cuando hacemos algún tipo de guiso, nos suele sobrar algo de salsa y muchos no saben el potencial que tiene esa salsa para otros platos. Al margen del sabor que nos puede proporcionar, en tiempos de crisis es más necesario que nunca el viejo adagio de la cocina “aquí no se tira nada”, pues eso.

Ingredientes              
Carne de cerdo troceada
Champiñones, Ajo, cebolla, zanahoria, sal, pimienta, guindilla
Vino blanco
Patatas en dados para acompañar

Hace unos días me preparé un riquísimo rabo de toro (http://parayantar.blogspot.com.es/2013/03/rabo-de-toro-o-lo-que-sea.html?m=0 ) . Si bien en otras ocasiones lo había hecho con vino blanco, en esta lo hice con vino tinto, respetando así la receta original. Pues bien, me sobró bastante salsa que una vez congelada, me ha servido para usar en esta ocasión, dándole al plato un sabor extra.

La salsa la había hecho  con verduras (cebolla, pimiento amarillo, ajo) y vino tinto y una vez hecho el rabo había pasado todos los ingredientes por una batidora y un chino para que la salsa estuviera muy fina.

El plato de hoy lo comenzamos con casi siempre, sellando la carne en una cazuela con un poco de aceite hasta que esté dorada y en ese momento la reservamos en una fuente. Luego preparamos un sofrito rico. Ajo, cebolla (hasta que se quede blanca), luego la zanahoria y la guindilla. Le ponemos un poco de vino blanco y dejamos que casi se consuma. Cuando casi está sin líquido el sofrito, le ponemos los champiñones cortados a la mitad, para que el bocado que nos echemos sea lo suficientemente contundente. Mezclamos todos los ingredientes y le ponemos la carne. Unos cuantos meneos para que se junten los sabores y le ponemos la salsa que habíamos reservado. Cubrimos con un poco de agua y dejamos que se haga a fuego lento unos 35 minutos.

A la hora de comer sólo hay que freír unas patatas cortadas en dados y disfrutar.

 




viernes, 17 de mayo de 2013

Salmón con espinacas

El salmón es uno de los pescados azules más nutritivos que existen. Su Omega-3 nos ayuda a regular el colesterol entre otras cosas y en los últimos tiempos se ha puesto de moda por su facilidad a la hora de cocinarlo, lo sabroso que es y la multitud de beneficios que nos aporta. En cuanto a las espinacas, qué decir, si hasta Popeye las usaba para tener más fuerza…

Ingredientes
Dientes de ajo
Nata para cocinar, aceite, sal pimienta
Espinacas cocidas
Uvas pasas, queso emental rallado
Cola de salmón

A la hora de cocinar nuestro plato, tenemos que tener en cuenta el nivel de cocción que queremos en los ingredientes. Primero salteamos en una sartén el ajo cortado en láminas, lo salteamos hasta que esté dorado, no más puesto que puede amargar el plato. Le añadimos las espinacas cocidas y las pasas, mejor sin pepitas. Ponemos la nata para cocinar y dejamos que vaya reduciendo. Aquí le vamos a poner nata hasta conseguir el nivel que queramos de espesor. Cuando tengamos la textura que queramos le añadimos queso rallado. Yo usé el emental que me gusta pero se puede poner cualquiera que se pueda derretir al calor de la cocina.

Una vez sal pimentado el salmón, lo ponemos en una sartén muy caliente y lo vamos dorando para que quede a nuestro gusto. Primero por la parte de la carne y después por la piel. Es importante no pasarse a la hora de hacerlo ya que el salmón corre el peligro de quedar seco si lo hacemos mucho.

Una vez hecho todo, sólo nos queda emplatar y disfrutar de un plato lleno de nutrientes, fácil y rápido de hacer y con una combinación de sabores muy divertida.
 




 


viernes, 10 de mayo de 2013

Pechuga de pollo rellena al horno

Que la cocina es fácil y en poco tiempo puedes prepararte un plato de lujo ya lo sabía, pero hoy lo he vuelto a demostrar de la manera más práctica, preparar la comida sin tener idea de lo que hacer.

Ingredientes:

Pechuga de pollo
Sal, aceite, pimienta, vino blanco
Media cebolla, pimientos de colores, cherrys, 1 patata
2 lonchas de queso de fundir
2 lonchas de bacon ahumado
hierbabuena, romero

Esta mañana me he entretenido demasiado en mi infatigable labor de buscar trabajo, para nada he de reconocer, pero cuando me he dado cuenta se acercaba la hora de comer y no sabía lo que iba a comer. Al final me ha quedado un plato tremendo, está a la vista.

Lo primero que vamos a hacer es cortar la pechuga de pollo en librillo. Esta técnica de corte es muy simple aunque requiere un poco de paciencia y cuidado. Hacemos un corte a la altura de un tercio del grosor de nuestra pechuga sin llegar al final, la abrimos y cortamos de igual manera por la mitad el resto de la pechuga quedando la misma abierta como un libro. Sal pimentamos y rellenamos con las lochas de bacon y el queso.

Cortamos la patata en forma de panadera y la pasamos por aceite sin que se haga del todo para que la patata pueda hacerse en el horno y quede crujiente por fuera y blanda por dentro.

En una fuente para el horno ponemos un poco de aceite que esparcimos de manera uniforme y encima ponemos la pechuga rellena y cerrada. Alrededor le ponemos las patatas, la media cebolla, el pimiento, en este caso naranja. A continuación le añadimos un poco de romero y de hierbabuena por encima de la pechuga y le añadimos un chorro de vino blanco y medio vaso de agua para que en el horno no se quede seco el plato y se queme.

Ya en el horno, lo dejamos a unos 180 grados media hora y cuando el tiempo termine, le damos la vuelta y colocamos los cherrys partidos en dos. Dejamos que se termine de cocinar unos 20 minutos más y emplatamos.

El resultado, ya lo podéis ver, irresistible y riquísimo.






viernes, 3 de mayo de 2013

Merluza verde, verde

Hace unos días me encontré con una gran receta del gran Martín Berasategui, el cual cumple 20 años dando placer gastronómico en su restaurante, que me cautivó y a la que le he puesto mi toque personal. Se trataba de un rape en salsa verde, pero yo lo he modificado y le he añadido algunos otros ingredientes. El resultado final ha sido espectacular. Me ha demostrado dos maridajes casi perfectos,  el pescado y las espinacas y la guindilla con las uvas pasas.

Ingredientes:
Un lomo de merluza, gambas
Aceite, vino blanco, guindilla, sal, uvas pasas
Espinacas, Cebolla picada, pimiento verde, zanahoria
2 dientes de ajo
Caldo de pescado
Yemas de palmitos, Espinacas, guisantes, patata

Empezamos con las espinacas. He usado las que vienen ya cocidas en bloques pequeños. Es más fácil para cocinarlo y conserva todas sus propiedades. Cogemos unos bloques, la cantidad que queramos en relación con las personas que vayan a comer el plato, y los picamos con una batidora y con un poco de aceite. Se reservan.
En otra cazuela se echan el aceite, el ajo y la guindilla. Picamos el pimiento verde y la zanahoria y lo incorporamos a la cazuela. Cuando el ajo comience a hacerse, le ponemos la cebolla con un poco de sal para que sude bien pero que no llegue a coger demasiado color. Le añadimos un buen chorro de vino y dejamos que se evapore el alcohol. A continuación le ponemos el caldo de pescado. Salpimentamos los trozos del lomo de merluza y lo introducimos en la cazuela. Dejamos que se cueza unos 10 minutos y le incorporamos la mezcla de espinacas picadas con el aceite, las yemas de palmito, los guisantes y las gambas peladas. Con dejarlo todo junto unos 5 minutos será suficiente para que se mezcle todo y se unifiquen los sabores.


A la hora de servirlo, ponemos un puñado de uvas pasas que mientras calentamos todo el conjunto se hidratarán y quedarán blandas. El plato lo acompañamos con una patata cocida.

Sinceramente, ES PEC TA CU LAR.

martes, 30 de abril de 2013

Pavo al limón con tallarines a la albahaca

Esta mañana me he propuesto hacer un plato sano. Poca grasa, algo de hidratos y muy sabroso. El resultado es una experiencia mágica con toque asiático y muy recomendable para los que se cuidan no sólo en el gimnasio sino también en la cocina.

Ingredientes
Muslos de pavo
4 dientes de ajo
Perejil, albahaca, sal, aceite, harina, pimiento amarillo
Limón, Vino blanco
Tallarines no muy gruesos
Champiñones laminados, uvas pasas, jamón picado, media cebolla

Comenzamos con el pavo. Primero lo enharinamos y lo pasamos por la cazuela hasta que quede dorado. En el mismo aceite vamos a poner, el ajo bien picado, un buen puñado de perejil, el pimiento en trozos pequeños, el zumo de uno o dos limones y un poco de sal.
Mientras que se pocha bien todo el conjunto, nos ponemos con la pasta. La cocemos en agua hirviendo con sal unos 14 minutos, vamos comprobando la dureza de la pasta para que no se nos cueza demasiado. Una vez hecha, la retiramos y en la misma cazuela ponemos la cebolla bien picada, el jamón picado, las láminas de champiñón y le damos unas vueltas. Cuando la cebolla blanquee, le ponemos el vino blanco y la albahaca cortada muy fina, un poco de sal y dejamos que se vaya haciendo el champiñón. Unos minutos será suficiente.

Cuando el champiñón está y hecho le añadimos la pasta y las uvas pasas y le damos vueltas para que todos los sabores y olores se vayan integrando y el acompañamiento al pavo está listo.
Volvemos a la cazuela del pavo. Cuando se haya pochado todo lo que hemos puesto, introducimos los muslos de pavo y lo cubrimos con agua o caldo. Yo he usado el caldo sobrante de la cocción del codillo del otro día, con el toque de romero está muy rico. Lo dejamos unos 20 minutos vigilando que quede blando y montamos el plato. Es recomendable ir pinchando los muslos de pavo para comprobar su cocción ya que de otra manera podemos correr el riesgo que el pavo se quede duro. Es una carne más bien dura que necesita una elaboración más paciente.

 
Realmente no he tardado más de media hora y tengo un plato excelente y muy sano, aconsejable para todo tipo de paladares.

 

miércoles, 24 de abril de 2013

Crema de limón

Una crema de limón puede suponer el broche final para una espléndida comida. Además de ser sabroso, nos ayudará a hacer la digestión al no ser pesado y contener limón, que siempre es digestivo. Además hacer esta crema tiene menos complicación que cambiar de canal de tv con el mando a distancia...

Ingredientes:

Unos 10 limones (estamos hablando para hacer una buena cantidad de crema de limón)
Un bote de 750 grms de leche condensada
Un bote pequeño de nata líquida
Unos 3 yogures azucarados
Perlas de chocolate para adornar

Hacerlo sólo tiene una complicación, vas a tardar unos 15 minutos en total...No creo que nadie se eche atrás para hacerlo por esto no?.

Lo importante y casi único es hacer la mezcla. Empezamos con la leche condensada, luego el zumo de los limones con cuidado de que no entren pepitas o restos del limón. Uno de los limones lo reservamos porque con la piel rayada vamos a adornar el postre al final, eso sí, tan sólo la parte verde, nada de blanco que daría amargor. Seguimos con la nata y los yogures y cuando tenemos todo dentro usamos una batidora para mezclar todo y que quede bien compacto y con todos los sabores unidos.

Cuando lo tenemos bien mezclado, lo ponemos en recipientes individuales y lo adornamos con un poco de la piel del limón rayada y unas perlas de chocolate y a disfrutar.



lunes, 22 de abril de 2013

Codillo Cociasa

Esta receta bien merece la pena prepararla en un día de asueto, de tele, libros y sofá, donde nada nos perturbe para poder disfrutar de un plato espléndido. La receta es para dos personas o para un estómago  bien agradecido.

Le llamo Cociasa por la combinación de dos técnicas de elaboración para poder hacerlo, la cocción y el asado. El puré de patata con queso es una delicia para cualquier carne.

Ingredientes para el codillo
1 codillo
1 rama de romero
3 zanahorias
1 cebolla
1 puerro,
Sal, pimienta, hoja de laurel

Ingredientes para el puré de patata
2 patatas
Un poco de nata
Un poco de leche
Queso rallado

Empezamos poniendo el codillo y resto de ingredientes en una cazuela llena de agua a la que le echamos un poco de sal. El codillo suele ser salmuerizado por lo que apenas necesita sal, aunque no está de más que lo probemos  para comprobar su nivel de sal y si es necesario echarle un poco.

Vamos a dejar cocer el codillo entre 2 horas y 2 horas y media, hasta que veamos que la carne se despega del hueso.

Mientras tanto, hacemos el puré. Ponemos las patatas a cocer una media hora y cuando están hechas, le ponemos un poco de nata, un chorro de leche y el queso rallado que tengamos o que nos guste. Lo aplastamos bien y dejamos que con el calor residual se deshaga el queso.

Cuando tenemos el codillo listo, pasamos toda la verdura que hemos usado por una batidora y un chino. El codillo lo ponemos en una fuente para el horno, lo napamos con la salsa resultante de las verduras y lo dejamos en el horno a 200 grados una media hora por cada lado. Cuando le damos la vuelta conviene ponerle una parte del caldo resultante de la cocción para que no se quede seco. Poner una buena cantidad de caldo, a la vez de darle más sabor al codillo, evitará que se queme la salsa resultante de las verduras con las que hemos cocido el codillo. El resto del caldo sobrante de la cocción, lo podemos reservar para cualquier guiso que hagamos otro día ya que tiene todo el sabor de las verduras y el toque del romero  le va de maravilla a cualquier carne que usemos.

Montamos el plato y a disfrutar de un día completo.

 

jueves, 11 de abril de 2013

Bacalao a la asturiana

Es tiempo de bacalao. Hace años sólo lo podíamos comprar en salazón pero ahora también tenemos la opción de comprarlo desalado, con lo que ahorramos tiempo sin perder su calidad y sabor.

Últimamente se habla mucho de maridaje de vinos y quesos, vinos y carne…pero creo que una cosa que marida de maravilla es el bacalao con la sidra asturiana, realmente hacen una pareja perfecta.

Ingredientes

Ajo, Cebolla, guindilla, Pimiento verde

Sal, Aceite, Harina, perejil picado

Bacalao

Sidra (una media botella para cada 2 comensales)

Unas gambas peladas y unos guisantes

Antes de nada, envolvemos las piezas de bacalao en papel plata y bien cerradas las ponemos en el horno a 180 grados unos 10 minutos. El objetivo de este paso es medio hacer el bacalao y que quede lo más blanco posible para darle una mayor vistosidad a nuestro plato.
Empezamos picando el ajo, la cebolla y el pimiento muy fino y poniéndolo en aceite para que se vaya pochando. Una vez transparente la cebolla, echamos la guindilla (a medida de los comensales) y una cucharada de harina, que cocinaremos antes de que se queme. Una vez esto, vamos echando la sidra creando una crema que podemos hacer más o menos espesa a nuestro gusto.

Cuando tengamos la salsa preparada, ponemos los lomos de bacalao encima, echamos el perejil picado, las gambas peladas y los guisantes y dejamos cocinar a fuego lento unos 10 minutos.

Acompañamos este plato con unas patatas panadera cortadas bien finas a las que le hemos puesto orégano y ajo picado para darles más sabor.